Metodología para la evaluación de la satisfacción del cliente en empresas turísticas
Modelos
de mediación de servicios
Realizar la
cuantificación de la calidad que el cliente percibe de un servicio, no es
sencillo; es necesario el uso de un instrumento que apoye a las organizaciones
a entender el significado de valor para el cliente, y diagnosticar si las
actividades realizadas están alineadas con el cumplimiento de las necesidades
de ellos.
Ante tal
necesidad surgen diversas técnicas y metodologías para medir la satisfacción de
los clientes; hasta la década de los 80´s, las investigaciones realizadas
estaban enfocadas en buscar principios para el control de calidad en el área de
manufactura, pero estos no eran adecuados para medir la calidad en los
servicios. El primer paso es diagnosticar los principales factores que tienen
influencia, para así establecer una propuesta de mejora que incremente la
satisfacción y lealtad de los clientes.
La
escuela nórdica
Este
modelo, también conocido como modelo de la imagen, fue formulado por Grönroos
(1988, 1994) y relaciona la calidad con la imagen corporativa. Como se observa
en el gráfico 3, plantea que la calidad percibida por los clientes es la
integración de la calidad técnica (qué se da) y la calidad funcional (cómo se
da), y estas se relacionan con la imagen corporativa. La imagen es un elemento
básico para medir la calidad percibida.
En
resumen, el cliente está influido por el resultado del servicio, pero también
por la forma en que lo recibe y la imagen corporativa. Todo ello estudia
transversalmente las diferencias entre servicio esperado y percepción del
servicio. INNOVAR, revista de ciencias administrativas y sociales. Universidad
Nacional de Colombia. Enero a Junio de 2005 7 0 INNOVAR, revista de ciencias
administrativas y sociales. Universidad Nacional de Colombia. Enero a Junio de
2005 71 En resumen el cliente está influido por el resultado del servicio, pero
también por la forma en que lo recibe y la imagen corporativa. Todo ello
estudia transversalmente las diferencias entre servicio esperado y percepción
del servicio.
El modelo nórdico planteado por Grönroos toma
elementos de un trabajo previo no publicado de Eiglier y Langeard en 1976.
Define y explica la calidad del servicio percibida a través de las experiencias
evaluadas a través de las dimensiones de la calidad. Paralelamente conecta las
experiencias con las actividades del marketing tradicional esbozando la calidad
(Grönroos, 1988, p. 12).
Una buena evaluación de la calidad percibida
se obtiene cuando la calidad experimentada cumple con las expectativas del
cliente, es decir, lo satisface. De igual forma, describe cómo el exceso de
expectativas genera problemas en la evaluación de la calidad.
Expectativas
poco realistas contrastadas con calidad experimentada buena pueden desembocar
en una calidad total percibida baja. Las expectativas o calidad esperada, según
Grönroos, son función de factores como la comunicación de marketing,
recomendaciones (comunicación boca-oído), imagen corporativa/local y las
necesidades del cliente.
Según Grönroos (1994, p. 38), la experiencia
de calidad es influida por la imagen corporativa/local y a su vez por otros dos
componentes distintos: la calidad técnica y la calidad funcional. La calidad
técnica se enfoca en un servicio técnicamente correcto y que conduzca a un
resultado aceptable. Se preocupa de todo lo concerniente al soporte físico, los
medios materiales, la organización interna. Es lo que Grönroos denomina la
dimensión del “qué”. Lo que el consumidor recibe. La calidad funcional se
encarga de la manera en que el consumidor es tratado en el desarrollo del
proceso de producción del servicio.
En
palabras de Grönroos, es la dimensión del “cómo”. Cómo el consumidor recibe el
servicio. La forma en que los consumidores perciben la empresa es la imagen
corporativa de la empresa. Es percepción de la calidad técnica y funcional de
los servicios que presta una organización y, por ende, tiene efecto sobre la
percepción global del servicio.
Grönroos
afirma que el nivel de calidad total percibida no está determinado realmente
por el nivel objetivo de las dimensiones de la calidad técnica y funcional sino
que está dado por las diferencias que existen entre la calidad esperada y la
experimentada, paradigma de la desconfirmación.
Escuela
americana
El
modelo de la escuela americana de Parasuraman, Zeithaml y Berry se ha
denominado SERVQUAL. Es sin lugar a dudas el planteamiento más utilizado por
los académicos hasta el momento, dada la proliferación de artículos en el área
que usan su escala2. Parasuraman, Zeithaml y Berry (1985, 1988) partieron del
paradigma de la desconfirmación, al igual que Grönroos, para desarrollar un
instrumento que permitiera la medición de la calidad de servicio percibida.
Luego de algunas investigaciones y evaluaciones, tomando como base el concepto
de calidad de servicio percibida, desarrollaron un instrumento que permitiera
cuantificar la calidad de servicio y lo llamaron SERVQUAL. Este instrumento les
permitió aproximarse a la medición mediante la evaluación por separado de las
expectativas y percepciones de un cliente, apoyándose en los comentarios hechos
por los consumidores en la investigación. Estos comentarios apuntaban hacia
diez dimensiones establecidas por los autores y con una importancia relativa
que, afirman, depende del tipo de servicio y/o cliente. Inicialmente
identificaron diez determinantes de la calidad de servicio, así:
1.
Elementos tangibles: Apariencia de las instalaciones físicas, equipos, personal
y materiales.
2.
Fiabilidad: Habilidad para ejecutar el servicio prometido de forma fiable y
cuidadosa.
3.
Capacidad de respuesta: Disposición para ayudar a los clientes y para
proveerlos de un servicio rápido.
4.
Profesionalidad: Posesión de las destrezas requeridas y conocimiento del
proceso de prestación del servicio.
5.
Cortesía: Atención, respeto y amabilidad del personal de contacto.
6.
Credibilidad: Veracidad, creencia y honestidad en el servicio que se provee.
7.
Seguridad: Inexistencia de peligros, riesgos o dudas.
8. Accesibilidad: Lo accesible y fácil de
contactar.
9. Comunicación: Mantener a los clientes
informados, utilizando un lenguaje que puedan entender, así como escucharlos.
10.
Compresión del cliente: Hacer el esfuerzo de conocer a los clientes y sus
necesidades.
Luego
de las críticas recibidas, manifestaron que estas diez dimensiones no son
necesariamente independientes unas de otras (Parasuraman, Zeithaml y Berry,
1988 p. 26) y realizaron estudios estadísticos, encontrando correlaciones entre
las dimensiones iniciales, que a su vez permitieron reducirlas a cinco.
1.
Confianza o empatía: Muestra de interés y nivel de atención individualizada que
ofrecen las empresas a sus clientes (agrupa los anteriores criterios de
accesibilidad, comunicación y compresión del usuario).
2.
Fiabilidad: Habilidad para ejecutar el servicio prometido de forma fiable y
cuidadosa.
3.
Responsabilidad: Seguridad, conocimiento y atención de los empleados y su
habilidad para inspirar credibilidad y confianza (agrupa las anteriores
dimensiones de profesionalidad, cortesía, credibilidad y seguridad).
4.
Capacidad de respuesta: Disposición para ayudar a los clientes y para
prestarles un servicio rápido.
5. Tangibilidad: Apariencia de las
instalaciones físicas, equipos, personal y materiales de comunicación.
A
través de procedimientos estadísticos, agrupan variables y permiten generalizar
de mejor forma el modelo, logrando mayor representatividad.
Para
evaluar la calidad percibida plantean estas dimensiones generales y definen que
dicha percepción es consecuencia de la diferencia para el consumidor entre lo
esperado y lo percibido. Sin embargo, también parten del planteamiento del
hallazgo de una serie de vacíos3, desajustes o gaps en el proceso. Estos
influyen en la percepción del cliente y son el objeto de análisis cuando se
desea mejorar la calidad percibida. Así, las percepciones generales de la
calidad de servicio están influidas por estos vacíos (gaps) que tienen lugar en
las organizaciones que prestan servicios.
Parasuraman,
Zeithaml y Berry (1985, p. 44) definen vacío o gap como una serie de
discrepancias o deficiencias existentes respecto a las percepciones de la
calidad de servicio de los ejecutivos y las tareas asociadas con el servicio
que se presta a los consumidores. Estas deficiencias son los factores que
afectan a la imposibilidad de ofrecer un servicio que sea percibido por los
clientes como de alta calidad.
El
modelo SERVQUAL, con el estudio de los cinco gaps, analiza los principales
motivos de la diferencia que llevaban a un fallo en las políticas de calidad de
las organizaciones. El resultado es el modelo del gráfico 5, que presenta
cuatro vacíos identificados por los autores como el origen de los problemas de
calidad del servicio.
Se
había hablado de cuatro vacíos y aquí aparecen cinco. El modelo propone que
este último vacío se produce como consecuencia de las desviaciones anteriores y
que constituye la medida de la calidad del servicio (Parasuraman, Zeithaml y
Berry, 1985, p. 46).
Se
puede inferir entonces que el vacío 5 es la consecuencia general de las evaluaciones
particulares y su sensibilidad radica en las variaciones de los vacíos 1 a 4.
Una vez localizados y definidos los vacíos de una prestación de servicio de no
calidad, Parasuraman, Zeithaml y Berry advierten que se deben investigar sus
causas y establecer las acciones correctivas que permitan mejorar la calidad.
Otros
modelos de medición
Modelo
de los tres componentes
En
1994, Rust y Oliver presentaron una conceptualización no probada, pero que
fundamenta lo planteado por Grönroos. Su justificación está en las evidencias
encontradas por autores como McDougall y Levesque en 1994 en el sector bancario
y por McAlexander y otros en el mismo año en el sector sanitario (Rust y
Oliver, 1994, p. 8).
El
modelo se compone de tres elementos: el servicio y sus características (service
product), el proceso de envío del servicio o entrega (service delivery) y el
ambiente que rodea el servicio (environment). Su planteamiento inicial fue para
productos físicos.
Al
aplicarlo al servicio, cambia el centro de atención, pero, como ellos afirman,
se esté hablando de empresas de servicios o de productos, los tres elementos de
la calidad del servicio siempre están presentes (p. 11).
El servicio y sus características se refieren
al diseño del servicio antes de ser entregado al cliente. Las características
específicas se incluyen aquí. Los elementos se determinan según el mercado
objetivo, es decir, según las expectativas. Dichas expectativas pueden estar
ligadas a benchmarks como parámetros de comparación, independientemente de que
la industria decida o no cumplir con el estándar. El punto clave es la
determinación de las características relevantes o especificaciones a ofrecer
(Rust y Oliver, 1994). Algunos autores como De Sarbo et al. (1994) han
utilizado técnicas estadísticas para dicha determinación, mientras Bitner y
Hubert (1994) han acudido a la técnica de incidentes críticos. Paralelamente,
desde la teoría de gestión, de manera específica desde la gestión total de
calidad, se estableció una metodología para evaluar dichas características,
llamada la casa de la calidad. El Quality Funtion Deployment (QDF) se utiliza
para establecer las características del servicio.
El
ambiente del servicio está subdividido en dos perspectivas: la interna (del
proveedor del servicio) y la externa. El ambiente interno se enfoca en la
cultura organizacional y en la filosofía de la eliminación, mientras el externo
se orienta principalmente al ambiente físico de la prestación del servicio
(Rust y Oliver, 1994).
Berry
y Parasuraman (1993) presentan una lista de dimensiones y subdimensiones que
hay que tener en cuenta para el ambiente interno y la orientación de la
organización para una prestación del servicio de calidad. Las principales
características son la orientación al marketing, organización del servicio,
generación de clientes, retención de clientes y marketing interno. Mientras
tanto, en 1992, Webster (citado por Rust y Oliver, 1994, p. 12) desarrolló
estrategias metodológicas para facilitar el proceso. Rust y Oliver anotan cómo
descuidar estas áreas clave obstaculizará la prestación del servicio de
calidad. Por otro lado, Albrecht (1988), enfoca su estudio a los dos primeros
elementos de Berry4 , desarrollando el análisis de la organización y
estableciendo cómo enfocarla a prestar un servicio de calidad, pero también se
encarga de aspectos relativos al ambiente del servicio externo.
Para
el ambiente externo, Bitner (1992) resumió en lo que llamó servicescape o
panorama del servicio, algunas dimensiones que forman un ambiente holístico. El
ambiente, los elementos simbólicos, el espacio y su función lo determinan.
Ward, Bitner y Barnes (1992) mostraron algunos ejemplos específicos de la
aplicación de una metodología para medir los principales elementos que los
consumidores perciben en el ambiente del servicio.
Finalmente,
Solomon, Suprenant, Czepiel y Gutman (1985) vinculan el proceso de entrega del
servicio al “desarrollo del papel”, es decir, a la forma en que se presta el
servicio. El estudio de la calidad se centra en los encuentros con los
consumidores, en palabras de otros como Grönroos (1994) o Albrecht (1988), los
momentos de la verdad.
SERVPERF
Cronin
y Taylor (1992) establecieron una escala más concisa que SERVQUAL y la llamaron
SERVPERF. Esta nueva escala está basada exclusivamente en la valoración de las
percepciones, con una evaluación similar a la escala SERVQUAL, la cual tiene en
cuenta tanto las expectativas como las percepciones.
Cronin
y Taylor (1992) se basan en Carman (1990) para afirmar que la escala SERVQUAL
(teoría de gaps de Parasuraman, Zeithaml y Berry [1985]) no presentaba mucho
apoyo teórico y evidencia empírica como punto de partida para medir la calidad
de servicio percibida. Estos autores desarrollan su escala tras una revisión de
la literatura existente y, de hecho, ésta ofrece un considerable apoyo teórico
(Bolton y Drew, 1991; Churchill y Suprenant, 1982; Woodruff, Cadotte y Jenkins,
1983). Esta escala intenta superar las limitaciones de utilizar las
expectativas en la medición de la calidad percibida, sin definir concretamente
el tipo y el nivel de expectativas a utilizar (expectativas de desempeño,
experienciales, predictivas, normativas, etc.).
En
conclusión, la escala es la misma, lo que varía es el enfoque de evaluación y
las preguntas en los instrumentos
El
modelo de Desempeño Evaluado, PE
El
modelo de Desempeño Evaluado, PE, por su sigla en inglés, fue planteado por Teas
(1993). El autor mantuvo una discusión académica con los autores del SERVQUAL,
Parasuraman, Zeithaml y Berry, centrada en tres puntos:
ü Interpretación
del concepto “expectativas”
ü Operativización
de dicho concepto
ü Valoración
de modelos alternativos al SERVQUAL para la evaluación de la calidad del
servicio percibida.
Teas
(1993) plantea que el incremento de la diferencia entre las percepciones y las
expectativas puede no reflejar necesariamente un incremento continuo en los
niveles de calidad percibida, como implica SERVQUAL. El autor dice que la
especificación utilizada puede ser problemática o no, en función de que los
atributos empleados en la medición de la calidad de servicio sean atributos
vectoriales (atributos con puntos ideales infinitos) o atributos con puntos
ideales finitos.
Como
conclusión, Teas (1993, p. 31) anota cómo el examen de la validez del modelo de
vacíos de SERVQUAL presenta problemas respecto a la definición tanto conceptual
como operativa de las expectativas, lo cual crea ambigüedad en la
interpretación y en su justificación teórica. De acuerdo con su análisis,
afirma que SERVQUAL carece de validez discriminante.
Teas
(1993, p. 19) explica la conceptualización de las expectativas como puntos
ideales en los modelos actitudinales y bajo este planteamiento sugiere el
modelo de desempeño evaluado, PE.
El
modelo PE sugiere puntuaciones ponderadas de la calidad de servicio. Unas más
altas para atributos con expectativas altas (puntuación +1) y percepciones
también altas (puntuación +7).
Teas
(1993, 1994) no plantea dimensiones en su modelo, más bien establece elementos
para que su modelo de partida (Parasuraman, Zeithaml y Berry [1988, 1991])
puntualice sus características de análisis. El autor expone dos conceptos al
respecto: el modelo de desempeño evaluado (EP) y el modelo de calidad
normalizada (NQ) que integra el concepto de punto ideal clásico con el concepto
de expectativas revisadas.
Se
encuentran también modelos como el Multinivel, de Dabholkar, Thorpe y Rentz
(1996), que pretende establecer una conceptualización jerárquica. El de
aproximación jerárquica, de Brady y Cronin (2001), que parte de los
planteamientos de Grönroos (1984), Parasuraman, Zeithaml y Berry (1988), Rust y
Oliver (1994) y Dabholkar, Thorpe y Rentz (1996), intentando establecer
factores que hacen de la percepción de la calidad del servicio una variable
latente.
Finalmente,
se encuentran algunas caracterizaciones de dimensiones, como las de Lehtinen y
Lehtinen (1982), Garvin (1984) y Eiglier y Langeard (1989).
Bibliografía
Revisión
del concepto de calidad del servicio y sus modelos de medición*. (2005,
junio). INNOVAR, revista de ciencias administrativas y sociales.
http://www.scielo.org.co/pdf/inno/v15n25/v15n25a04.pdf
Medición
de la calidad en el servicio, como estrategia para la competitividad en las
organizaciones. (2016, octubre).
https://www.uv.mx/iiesca/files/2017/03/11CA201602.pdf
P. (2018b,
octubre 5). 9 Métodos prácticos para medir la calidad del servicio.
Userlike Live Chat. https://www.userlike.com/es/blog/medir-calidad-del-servicio





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